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| Terje
Haakonsen, un mito del snowboard y el padre del
TTR. |
TTR:
el snowboard recupera su espíritu
A
finales de los años 90, el snowboard fue aceptado
totalmente por la gran mayoría de los esquiadores
e integrado en las estaciones invernales. La prueba
palmaria de esta aceptación fue su inclusión
como deporte olímpico en los Juegos de Invierno
de Nagano. Sin embargo, a algunos practicantes del
snowboard no les gustaba el camino que estaba tomando
un deporte que históricamente era propio de
'outsiders' y que, por tanto, parecía estar
perdiendo parte de su espíritu en los últimos
tiempos.
Y es que el snowboard ha sido, ante todo, un deporte
creativo. Al principio, ésta se hacía
patente en los diseños personalizados que cada
"snowboarder" realizaba para sus tablas.
Posteriormente, el snowboard fue creciendo industrialmente
de modo exponencia a pesar de que las estaciones invernales
lo ignoraban y prohibían. Este hecho hizo que
el snowboard se convirtiera en un deporte-símbolo
de aquellos jóvenes que luchaban contra el
sistema, contra lo establecido.
Así fue ganando adeptos en los años
siguientes hasta que a principios de los 90 se produjo
el auténtico boom del snowboard. Con ese boom
llegaron los medios de comunicación, los sponsors,
las competiciones... y con ellas las reglas que, en
cierto modo, traicionaban el espíritu que siempre
había acompañado a este deporte. De
ese deseo de vuelta a las raíces nace el TTR.
Fue el noruego Terje Haakonsen, el mayor mito y leyenda
que el snowboard ha tenido en toda su historia, quien
dio el primer paso. No sólo se negó
a participar en los Juegos Olímpicos, sino
que creó el Artic Challenge.
La semilla para el TTR empezó a gestarse en
una reunión en Hossegor (Francia) el 13 de
septiembre del 2002, donde se reunieron representantes
de la industria, organizadores de eventos y competiciones,
y riders. Allí se pusieron las bases de lo
que sería el TTR.
El TTR no es sino una inciativa independiente que
parte de los propios snowboarders y de la industria
y que une las competiciones de snowboard independientes
más importantes de todo el mundo. Los ganadores
de estas competiciones independientes se clasificarían
para el Artic Challenge. Bajo el apadrinamiento del
rider más admirado, Terje Haakonsen, el Artic
Challenge abrió sus puertas a plazas clasificatorias,
o "Tickets to Ride" (TTR).
El TTR nació con dos ideas: fomentar el snowboarding
progresivo y creativo con una infraestructura sólida
y recuperar el placer creativo y la diversión
de hacer snowboard. Todas las competiciones son igual
de importantes y no existe la figura del Campeón
del Mundo: el Artic Challenge sólo es la etapa
última, no una final. Así se presentó
el TTR el 2 de octubre del 2002.
Impacto y retos
El impacto del TTR ha sido fantástico y, aunque
aún quedan muchas cosas por hacer, ha evolucionado
de forma notable en poco tiempo: ha unificado a los
riders (por ejemplo, algunos snowboarders que ya no
se dejaban ver han vuelto a la competición),
a la industria y a la prensa especializada. El snowboard
parecía recuperar su identidad, sus constantes,
fuera de las presiones, de los agobios y de la competición
encarnizada. Y lo más importante de todo es
que son los propios riders los que dicen cómo
quieren que funcione el TTR.
Sin embargo, como decíamos anteriormente,
todavía queda mucho por hacer. Así,
no está claro el sistema por el cual los rookies
pasan a ser snowboarders pro. La modalidad femenina
de TTR está menos desarrollada que la masculina
y, además, aunque en Europa el TTR se ha difundido
mucho y bien, aún queda mucho por hacer en
USA y Japón.
Por otro lado, y dado que el TTR está creciendo
a pasos agigantados, pronto los riders se tendrán
que enfrentar a la necesidad de crear un órgano
regulador que de cuerpo legal a esta modalidad. Falta
también una cobertura televisiva que muestre
todo el potencial de este deporte.... muchos aspectos
a desarrollar que, poco a poco y con el empeño
de los propios riders, van saliendo adelante. Al final,
el TTR es al snowboard lo que el cine independiente
es a Hollywood. Una alternativa, una muestra de creatividad,
de que las cosas se pueden hacer de otra forma y fuera
de las vías oficiales.
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