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| El
soft-shell ofrece las ventajas del sistema de
capas, pero ofreciendo una myor ligereza. |
Soft-shell,
la solución (casi) definitiva)
Ya
hace algún tiempo que el tejido deportivo viene
sufriendo una evolución tecnológica
tan fulgurante como la que se puede ver en otros campos,
como la informática, en los que pensamos inmediatamente
cuando la conversación versa sobre revoluciones
tecnológicas.
Hoy todo cambia, y deprisa. Y también lo hacen
las prendas que utilizamos para esquiar. El objetivo
de los desarrollos que se implementan en los últimos
tiempos responde a la búsqueda de un equilibrio
entre el aislamiento a la temperatura ambiente, la
impermeabilidad y la resistencia a la penetración
del viento. Sin olvidarse, por supuesto, de que el
logro de estos objetivos no vaya en perjuicio del
ejercicio físico. Es decir, se buscan tejidos
que permitan la transpiración y cuya temperatura
vaya en función del esfuerzo realizado y, por
tanto, de la temperatura de nuestro cuerpo.
Antes de llegar al soft-shell, prenda ligera que
se adecúa a la mayoría de las actividades
que realiza el aficionado al esquí a lo largo
de la temporada, ha habido distintos intentos de lograr
la "prenda perfecta".
Larga fue la época de los llamados "tejidos
inteligentes", que pretendieron sin demasiado
éxito variar sus características en
función de la temperatura corporal y la temperatura
ambiente. Su aceptación entre los usuarios
fue escasa, así que se intentó el "sistema
de capas".
Este sistema presentaba grandes ventajas, ya que
se dejaba la "inteligencia" en manos de
los usuarios y no del tejido. Éste podía
combinar las distintas capas del tejido en función
de la actividad que fuera a realizar en cada momento
y del entorno en el que se encontrara. Al fin y a
la postre, tampoco resultó ser el sistema perfecto,
ya que suponía un mayor peso para el esquiador
y, por tanto, una menor movilidad. Se hacían
necesarias operaciones de vestido y/o desvestido acordes
con los cambios de temperatura....en una palabra,
incomodidad. Hay que tener en cuenta que, según
el tipo de actividad que se desarrolle, el vestido
o desvestido puede resultar bastante complicado (piénsese
en los arneses, las mochilas, los camprones...).
Prenda ligera
Llegados a este punto, el usuario demandaba ligereza.
Y eso es precisamente lo que se les ha ofrecido a
través del soft-shell. El soft-shell son muchas
prendas en una sola. Se caracteriza por su polivalencia
y, sobre todo, por su ligereza. Por fuera es como
un forro polar laminado y su acabado se asemeja a
la parte exterior del neopreno forrado. Su interior
varía según el tipo de soft-shell: puede
constar bien de una membrana cortaviento, bien de
pelo corto de forro polar y además la membrana
cortaviento.
Dicha membrana tiene como finalidad la creación
de una fina capa de aire caliente entre el cuerpo
y el tejido. Además, aminora la sensación
térmica derivada de la acción del viento
cuando nos encontramos sometidos a bajas temperaturas.
Para evitar la entrada de agua en el tejido, se ha
ideado un sistema repelente de agua que se aplica
sobre la superficie del tejido: la impermeabilidad
se mantiene durante bastante tiempo y no afecta a
la transpirabilidad de la prenda. Para regular las
distintas capas de la prenda, contamos con cremalleras
y rejillas de ventilación que abrimos a nuestro
gusto. El soft-shell es una prenda única que
llevamos sobre la camiseta interior (de secado rápido
o térmica), por lo que la entrada de aire para
ventilar y refrigerar es mucho más efectiva
que si se realiza a través de una chaqueta
con membrana y un forro polar anexo a la misma.
La ligereza de la prenda es remarcable, así
como su adaptabilidad a todo tipo de actividades.
Con todo, no es perfecta, ya que no responde a todos
los inconvenientes a los que nos puede someter la
meteorología: bajo una intensa lluvia, o en
medio de una fuerte tempestad de montaña, el
soft-shell será insuficiente. En todo caso,
estamos ante una magnífica solución
para la gran mayoría de actividades que realiza
el aficionado.
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