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| Si saltas desequilibrado, galleta segura |
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Cuando tu nivel de esquí te lo permita, y si te apetece hacer algo más que simplemente deslizarte por la nieve, puedes intentar los saltos. Esta puede llegar a ser una de experiencia realmente liberadora y emocionante, siempre que tomemos las precauciones adecuadas antes, durante y después de un ‘vuelo'.
Lo primero, hay que elegir el terreno adecuado para aterrizar, ya sabes… zona despejada y que no sea plana, para amortiguar el golpe y evitar que nuestras articulaciones sufran el impacto. ¡ No saltes a ciegas o te la puedes pegar!, o lo que es peor puedes estamparte contra otro esquiador, una roca o un pino (y no precisamente de los que se cuelgan en el retrovisor).
Es importante que pruebes a realizar saltos pequeños, antes de intentar otros más importantes, a baja velocidad e impulsándote mucho, para mejorar el equilibrio y control durante el vuelo. Aprender a saltar requiere, además de la técnica adecuada, tiempo y experiencia. Cuantos más hagamos, mejor saltaremos. No intentéis pasar de 1 a 100 de manera rápida. También hay que precalentar… nunca saltéis cuando los músculos están todavía fríos.
Para hacer un salto, tanto con esquís como con snowboard, hay que acometer equilibrado y con las piernas semiflexionadas. Al llegar a la cresta hay que impulsarse con decisión (como si hicieras un salto vertical en parado), durante el vuelo no hay que perder el equilibrio (mantener los brazos separados del cuerpo, no agitarlos…) y a la hora de la recepción hay que caer ligeramente con el peso hacia atrás. |